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Empresario: adáptate o muere

Empresario: adáptate o muere

Charles Darwin dijo: “No es la más fuerte de las especies la que sobrevive, ni tampoco la más inteligente, si no la que mejor se adapta a los cambios”.

Empresario: adáptate o muere

Este principio debe ser aplicado a la empresa actual, transformando modos de pensar y maneras de actuar hasta llegar a un modelo de empresa que pueda garantizar su propia supervivencia: la empresa ágil.

Una empresa ágil es aquella que tiene la capacidad de adaptarse rápidamente a los cambios del entorno que pueden afectar a sus resultados a corto, medio y largo plazo. Cambios en las preferencias de los clientes, la presión de los competidores, las nuevas tecnologías y globalización son solo algunos de estos retos a los que vamos a enfrentarnos a diario.

Enfocar la empresa hacia el cliente es sin duda una de las claves de esta transformación que va a permitirnos atender a cada cliente con el coste, el plazo y la calidad que éste requiera en cada momento. La empresa debe dejar de mirarse a sí misma para empezar a entender que su sostenibilidad depende de su capacidad para satisfacer los deseos de los consumidores en el menor tiempo posible. Es importante cambiar la mentalidad desde un ¿cómo puedo vender mi producto a mis clientes? hacia un ¿cómo puedo crear productos que cubran las necesidades de mis clientes actuales y futuros?

Sin embargo, los clientes no actúan habitualmente del modo lógico y predecible que nosotros presuponemos y por ello se hace necesario aprender a “descubrir” al cliente, estableciendo una comunicación permanente con él allá dónde se encuentre. En esta labor, internet y las redes sociales como Facebook o Twitter pueden ser grandes aliados del empresario si se usan de manera adecuada con un objetivo bien definido.

Y aún más importante, para ser ágil, la empresa tendrá que adoptar algunos valores que deberán fluir en la organización a través de sus recursos más valiosos: las personas. Porque, en estos tiempos tan difíciles para muchos, no debemos olvidar que las empresas no son más, ni menos, que la suma de las personas que las componen.